¿Pista de hielo o calles sin baches? el dilema de diciembre en Iguala

manueldemeza 24/11/2025

Ya se siente el cambio de aire en el valle. No es que estemos bajo cero, pero los igualtecos sabemos que cuando baja un poco el calor y empiezan a colgarse las luces en el Centro, diciembre está a la vuelta de la esquina. Pero este año, el espíritu navideño ha llegado acompañado de una polémica tan fría como el hielo mismo.

La noticia ya corrió como pólvora en los grupos de WhatsApp y en las “benditas redes sociales”: El Ayuntamiento instalará una pista de patinaje sobre hielo en la Plaza de las Tres Garantías.

Sobre el papel, suena a una atracción de primer nivel, algo digno de una ciudad importante. Sin embargo, el dato que ha hecho arquear la ceja a más de uno es el costo: se habla de una inversión aproximada de 1 millón de pesos. Y aquí es donde el ciudadano de a pie, el que esquiva cráteres en el Periférico o en su colonia, se detiene a pensar.

Diversión vs. necesidad

La instalación se plantea como el evento estelar de las fiestas decembrinas en nuestra ciudad. La idea es transformar la explanada municipal en un centro de convivencia invernal, algo que, visualmente, promete ser espectacular frente a nuestra Parroquia de San Francisco de Asís.

Pero el contexto social no está para bollos. Iguala atraviesa, como casi siempre, una crisis de infraestructura vial. El anuncio de este gasto millonario ha chocado de frente con la realidad de la suspensión de los amortiguadores de miles de taxistas, motociclistas y particulares.

Lado A: la magia de la navidad y el tejido social

Si nos ponemos las gafas del optimismo y analizamos la justificación “oficial” o social de este proyecto, hay puntos válidos:

  • Reconstrucción del tejido social: en una ciudad tan golpeada por la violencia y el estrés, ofrecer espacios de esparcimiento sano y gratuito (o a bajo costo) para las familias es vital. Ver a los niños patinar, algo que no se hace todos los días en tierra caliente, tiene un valor emocional.
  • Dinamismo económico en el centro: una atracción así jala gente. No solo vamos nosotros, sino que atrae a vecinos de Taxco, Huitzuco, Teloloapan y Cocula. Esa gente viene, patina, y luego se compra un elote, unos tacos, entra a las zapaterías o consume en los comercios locales del Zócalo.
  • Derecho a la alegría: ¿acaso los igualtecos no merecemos atracciones “bonitas” solo porque tenemos problemas? hay quien defiende que el ocio también es un derecho ciudadano.

Lado B: la realidad del asfalto y la prioridad del gasto

Aquí entra el coro de voces críticas, y vaya que tienen argumentos de peso. La indignación no es por la pista en sí, sino por el costo de oportunidad.

  • Un millón de pesos en asfalto: los ciudadanos hacen matemáticas rápido. Con ese millón, ¿cuántas calles de colonias olvidadas se podrían bachear? ¿cuántas luminarias se podrían arreglar en zonas que son boca de lobo?
  • La efímera diversión: la pista durará, a lo mucho, un mes. Los baches, si no se tapan hoy, seguirán ahí en enero, febrero y hasta la próxima Feria de la Bandera. Gastar tanto en algo temporal cuando lo permanente se cae a pedazos se siente, para muchos, como comprarse zapatos de marca cuando tienes goteras en el techo de tu casa.
  • El tráfico y el caos: Si de por sí el centro es un nudo gordiano en diciembre, cerrar espacios o saturar la zona sin un plan vial adecuado podría colapsar aún más las calles aledañas.
¿Pan y circo o bienestar integral?

Históricamente, Iguala ha oscilado entre el deseo de modernidad y el rezago en servicios básicos. Este dilema no es nuevo. A veces parece que se busca el “golpe mediático”, la foto bonita para el informe, antes que la obra gris y aburrida (como el drenaje o el bacheo) que nadie aplaude pero todos necesitan.

El igualteco es noble, le gusta la fiesta y el convivio, pero ya no es ingenuo. Sabe que una pista de hielo no tapa el sol con un dedo, ni tapa los baches del boulevard. La molestia radica en la sensación de que las prioridades están invertidas.

No se trata de ser el Grinch de la Navidad igualteca. Nadie está en contra de que los niños se diviertan. El problema es la gestión de los recursos. Quizá la pregunta no es si queremos pista o no, sino ¿por qué no nos alcanza para las dos cosas? ¿por qué tenemos que elegir entre tener calles dignas o tener una navidad espectacular?

Y tú, paisano, ¿qué opinas?

Si tuvieras el lapicero del alcalde en la mano y ese millón de pesos en el escritorio: ¿firmabas el cheque para la pista de hielo para ver felices a las familias un mes, o lo mandabas directo a la planta de asfalto para arreglar las calles que usas todo el año?

El debate está abierto. Los leo.

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