El calvario del transporte público decembrino en Iguala

manueldemeza 20/12/2025

“No voy pa’ allá, joven”

Es diciembre en Iguala. El clima es agradable, se antoja un ponche y la ciudad brilla con luces. Pero basta con intentar parar un taxi en la calle de Reforma o querer subirte a una combi en el Mercado para que el espíritu navideño se estrelle contra un muro de realidad.

Todos hemos vivido esa escena: levantas la mano, el taxi se orilla (a veces a media calle), te asomas a la ventanilla con esperanza y sueltas tu destino. El chofer te mira, clava la vista en el horizonte como si calculara una fórmula física compleja, y suelta la frase más temida de la temporada: “Uy no, joven. No voy pa’ allá. Hay mucho tráfico”.

O peor aún: te dice que sí, pero con la tarifa “navideña” (esa que no está en ningún reglamento) que sube mágicamente 10, 15 o 20 pesos más de lo normal..

La ley de la oferta y la demanda (a la mala)

En estas fechas, la movilidad en Iguala colapsa. Entre los visitantes, las compras de pánico y las fiestas, las calles del centro se vuelven un estacionamiento gigante. Ante esto, el servicio de transporte público, vital para la mayoría de los igualtecos, entra en una fase de anarquía donde las reglas oficiales parecen derretirse como hielo al sol.

El ciudadano “secuestrado”

Para el usuario, la experiencia es frustrante y costosa.

  • La discriminación de ruta: Si vives en una colonia alta (como la CNOP o la Chapultepec), muy alejada, o si necesitas ir al mero corazón del centro en hora pico, te conviertes en un pasajero “indeseable”. He visto cómo rechazan a señoras con bolsas pesadas tres o cuatro taxistas seguidos.
  • El golpe al aguinaldo: No hay taxímetros en Iguala. Nos regimos por tarifas que “todos conocemos” pero que nadie respeta en diciembre. Un viaje que en mayo costaba 40 o 50 pesos, hoy te lo quieren cobrar en 70 u 80 “porque es diciembre” o “para el chesco”.
  • El maltrato: A veces, el servicio viene con cara larga, música a todo volumen que no pediste, o en unidades (combis, sobre todo) que van tan llenas que parecen latas de sardinas, desafiando todas las leyes de la física y la seguridad.

La realidad detrás del volante

Pero, para ser justos y objetivos, hay que ponerse en los zapatos del chofer. Ellos también son igualtecos y también sufren la ciudad.

  • El tiempo es dinero: Quedarse atorado 40 minutos en la calle de Aldama o en Bandera por un viaje de 40 pesos no les sale a cuenta. Queman gasolina, desgastan el coche y pierden otros viajes. Por eso “no van pa’ allá”.
  • Los gastos invisibles: Las refacciones han subido, la gasolina no baja y, como ya dijimos, los baches de la ciudad acaban con sus suspensiones. Ellos argumentan que el aumento de tarifa es un ajuste necesario de supervivencia que la autoridad no les autoriza oficialmente.
  • La jornada extenuante: Muchos choferes trabajan turnos de 12 horas o más bajo el estrés constante del tráfico. En diciembre, quieren llevar algo extra a sus mesas, igual que cualquier trabajador que espera su aguinaldo.

Una ciudad sin reglas claras

El problema no es que el taxista quiera ganar más, ni que el usuario quiera pagar menos. El problema es la falta de autoridad y orden.

En Iguala, el transporte público se maneja a “ojo de buen cubero”. Al no haber taxímetros ni una vigilancia estricta de las tarifas por zonas (o al menos, una actualización pública y visible de las mismas), quedamos a merced de la negociación callejera.

El “no voy pa’ allá” es el síntoma de un sistema de transporte rebasado por el crecimiento de la ciudad, que colapsa ante la mínima presión del tráfico decembrino.

Diciembre debería ser época de paz, no de pelearse con el del volante. Necesitamos empatía de ambos lados: usuarios que entiendan que el tráfico cuesta, y choferes que recuerden que brindan un servicio público concesionado; negar el servicio o alterar tarifas arbitrariamente es, en teoría, ilegal.

Te dejo esta reflexión para la próxima vez que levantes la mano en la calle:

¿Es justo que tengamos que pagar “aguinaldo obligatorio” en cada viaje, o debería la autoridad de Transportes poner mano dura y obligar a respetar las tarifas y las rutas, aunque haya tráfico?

¿A ti cuánto te quisieron cobrar hoy y a dónde “no te quisieron llevar”?

Gracias por leernos.
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